RESPETEMOS A NUESTRA MADRE TIERRA



Hermanas y hermanos Presidentes y Jefes de Estado de las Naciones Unidas:

El mundo tiene fiebre por el cambio climático y la enfermedad se llama modelo de desarrollo capitalista. Mientras en 10.000 años la variación de dióxido de carbono (CO2) en el planeta fue de aproximadamente un 10 por ciento, en los últimos 200 años de desarrollo industrial, el incremento en las emisiones de carbono ha sido de un 30 por ciento. Desde 1860, Europa y Norteamérica han contribuido con el 70 por ciento de las emisiones de CO2. El 2005 ha sido el año más caluroso de los últimos mil años en el planeta. Diferentes investigaciones demuestran que de 40.170 especies vivas estudiadas, 16.119 están en peligro de extinción. Un pájaro de cada ocho puede desaparecer para siempre. Un mamífero de cada cuatro está amenazado. Un anfibio de cada tres puede dejar de existir. Ocho crustáceos de cada diez y tres insectos de cada cuatro están en riesgo de extinguirse. Vivimos la sexta crisis de extinción de especies vivas en la historia del planeta Tierra y, en esta ocasión, la tasa de extinción es 100 veces más acelerada que en los tiempos geológicos.

Ante este futuro sombrío, los intereses transnacionales proponen seguir como antes y pintar la máquina de verde, es decir, seguir con el crecimiento y el consumismo irracional y desigual generando más y más ganancias sin darse cuenta de que actualmente estamos consumiendo en un año lo que el planeta produce en un año y tres meses. Ante esta realidad, la solución no puede ser el maquillaje ambiental. Para mitigar los impactos del cambio climático leo en informes del Banco Mundial que hay que acabar con los subsidios a los hidrocarburos, ponerle precio al agua y promover la inversión privada en los sectores de energía limpia. Nuevamente quieren aplicar las recetas de mercado y privatización para hacer negocios con la propia enfermedad que estas políticas producen. Lo mismo sucede en el caso de los biocombustibles puesto que para producir un litro de etanol se requieren 12 litros de agua. De igual forma, para procesar una tonelada de agro combustibles se necesita, en promedio, una hectárea de tierra.

Ante esta situación, nosotros -los pueblos indígenas y los habitantes humildes y honestos de este planeta- creemos que ha llegado la hora de hacer un alto para reencontrarnos con nuestras raíces, con el respeto a la madre tierra; con la Pachamama como la llamamos en los Andes. Hoy, los pueblos indígenas de América Latina y del mundo estamos convocados por la historia para convertirnos en la vanguardia de la defensa de la naturaleza y de la vida. Estoy convencido de que la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, aprobada recientemente después de tantos años de lucha, tiene que pasar del papel a la realidad para que nuestros conocimientos y nuestra participación nos ayuden a construir un nuevo futuro de esperanza para todos. Quién sino los pueblos indígenas podemos señalar el rumbo de la humanidad para la preservación de la naturaleza, de los recursos naturales y de los territorios que habitamos ancestralmente.

Necesitamos un golpe de timón de fondo y a nivel mundial para dejar de ser los condenados de la tierra. Los países del norte tienen que reducir sus emisiones de carbono entre un 60 y un 80 por ciento si queremos evitar que la temperatura de la tierra suba más de 2 grados en lo que queda de siglo provocando que el calentamiento global alcance proporciones catastróficas para la vida y la naturaleza. Tenemos que crear una Organización Mundial del Medioambiente con fuerza vinculante, y disciplinar a la Organización Mundial del Comercio empeñada en llevarnos a la barbarie. Ya no podemos seguir hablando de crecimiento del Producto Bruto Nacional sin tomar en cuenta la destrucción y el derroche de los recursos naturales. Tenemos que adoptar un indicador que permita considerar, de manera combinada, el Índice de Desarrollo Humano y la Huella Ecológica para medir nuestra situación medioambiental. Hay que aplicar fuertes impuestos a la superconcentración de la riqueza y adoptar mecanismos efectivos para su redistribución equitativa.

No es posible que tres familias tengan ingresos superiores al PIB conjunto de los 48 países más pobres. No podemos hablar de equidad y justicia social mientras continúe esta situación. Los Estados Unidos y Europa consumen, en promedio, 8.4 veces más que el promedio mundial. Por ello, es necesario que bajen sus niveles de consumo y reconozcan que todos somos huéspedes de una misma tierra; de la misma Pachamama. Sé que no es fácil el cambio cuando un sector extremadamente poderoso tiene que renunciar a sus extraordinarias ganancias para que sobreviva el planeta Tierra. En mi propio país sufro, con la frente en alto, ese sabotaje permanente porque estamos acabando con los privilegios para que todos podamos "Vivir Bien" y no mejor que nuestros semejantes. Sé que el cambio en el mundo es mucho más difícil que en mi país, pero tengo absoluta confianza en el ser humano, en su capacidad de razonar, de aprender de sus errores, de recuperar sus raíces y de cambiar para forjar un mundo justo, diverso, inclusivo, equilibrado y armónico con la naturaleza.

*Evo Morales Ayma Presidente de la República de Bolivia"
discurso pronunciado en la asamblea de las Naciones Unidas

LANZAMIENTO DOCUMENTAL MILTON SANTOS



JUEVES 24 DE ABRIL
AUDITORIO FAU
12:00 HRS

EXPLORACION A PEÑALOLEN

El día VIERNES 18 DE ABRIL se realizará la primera exploración organizada por el CECU, en el marco de la preparación de las cátedras paralelas a realizarse durante el segundo semestre para los estudiantes de Geografía.

En clase se realizó una introducción a la Geografía del Poder y la relación dialéctica entre la sociedad y el territorio. Esta fue la base para abordar el movimiento de pobladores en Chile desde la mitad del Siglo XIX hasta nuestros días, donde se presentó al Movimiento de Pobladores en Lucha como una fuerza social que rescata el Urbanismo Popular como una forma alternativa de hacer ciudad.

LA EXPLORACIÓN

El objetivo de la exploración consiste en involucrar a la comunidad universitaria en los distintos proyectos urbanos que se están desarrollando en Peñalolén entre El Movimiento de Pobladores en Lucha y el Centro de Estudios Críticos Urbanos.

Estación 1. “Huerto Urbano El Duraznal”.
En el corazón de Lo Hermida se alza un enclave político y económico conocido como el Huerto, una iniciativa que pretende reproducirse en otros espacios de la comuna.



Estación 2. “Proyecto Habitacional MPL 2”.
La autogestión de Proyectos Habitacionales es fundamental para crear una nueva forma de pensar y hacer ciudad. Los pobladores se perfilan como un agente urbano que puede hacer peso al poder urbanístico del mercado inmobiliario.



Estación 3. “Corredor Ecológico Urbano Canal Las Perdices”
La recuperación efectiva de Espacios Públicos supone una construcción mental y una construcción material. Apoderarse de los espacios públicos es avanzar hacia la vida digna.

TEXTO PARA REFLEXIONAR


La fuerza auténtica de la Universidad procede del espíritu académico, compartido por profesores y alumnos y a cuya preservación sería de esperar, que las autoridades universitarias sean capaces de conducir.

Un aporte para la reflexión y el debate a semanas del inico del claustro triestamental en la FAU.







EL INTELECTUAL ANÓNIMO
Milton Santos.


Publicado en Corrêio Baziliense, Brasilia, 3 de junio de 2001.


Por definición, vida intelectual y rechazo a asumir ideas no combina, ese, además, es un trazo distintivo entre los verdaderos intelectuales y aquellos intelectuales que no precisan, no pueden o no quieren mostrar a la luz del día, lo que piensan.
El intelectual verdadero es el hombre que procura, incansablemente, la verdad, pero no para gozar íntimamente al encontrarla, pues considera su deber, social y personal decirla, escribirla y sustentarla públicamente. Es un hecho conocido que en épocas de oscuridad, los mandones del momento lo prohíban o inhiban de hacerlo generando como consecuencia la lista de aquellos que se tornan mártires de su propio pensamiento, como Unamuno, durante la Guerra Civil Española, y de los que no renuncian al deber de la verdad, aun dejando para pronunciarla cuando retornan los regímenes de libertad. Precisamente es eso lo que distingue a la Universidad de otras instituciones.

Por esto la actividad intelectual jamás es cómoda y la exigencia del inconformismo que la acompaña, hace que la sociedad reconozca a sus portadores como portadores de sus más profundas aspiraciones y como mensajeros del futuro. Por eso mismo, observadores de la Universidad en el pasado y en el presente temen por su destino actual, ya que son raras las manifestaciones de protestas originadas en sus prácticas, dejando a veces la impresión de que la academia puede preferir la situación de mero testigo de la historia, en lugar de asumir un papel de guía en busca de mejores caminos para la sociedad.

Cuando los intelectuales renuncian a ese deber -sean cuales fueren las circunstancias- poner un manto de tinieblas acaba por cubrir la vida social, ya que el debate posible se vuelve falso por naturaleza.

Esa podría también ser la definición más deseada de la vida académica en todos los lugares. Pero la verdad es que la forma como -en los últimos tiempos- se está organizando la convivencia universitaria, termina por reducir dentro de ella el número de verdaderos intelectuales, aun cuando se aumenta el de científicos y letrados de todo tipo. La vida universitaria es cada vez más representativa de una búsqueda de poder sin relación obligatoria con la búsqueda del saben. Y eso corrompe, de arriba a abajo, las más diversas funciones de la academia, inclusive para comenzar por la trilogía ahora ambicionada por las actividades de enseñar, investigar y transmitir a la sociedad el trabajo intelectual.

Un primer resultado es, sin duda, el estrechamiento del espacio destinado a los que desean producir el saber, y no es raro que ese movimiento sea acompañado por una verdadera hostilización de parte de los que mandan en relación a los que intentan poner en primer plano la búsqueda de la verdad.

Se constata, de ese modo, una separación cada vez mayor entre éstos y el conjunto de docentes viciados de un poder al que se aferran por largos y largos años, formando un grupo con tendencia al aislamiento y a la autosatisfacción, más bien preocupado con la perspectiva de mantener ese poder que en la construcción de una Universidad realmente independiente y sabia. A esos colegas preferimos llamar buroprofesores.

En la medida en que esa noción de poder se arraiga como algo normal, tales comportamientos parecen banalizarse, tomando diferentes modalidades en el proceso de reducir las posibilidades de un trabajo independiente y de convocar, aun, espíritus promisorios, para la aceptación de un trabajo viciado, exactamente por la injerencia cada vez más generalizada de las lógicas de poder.

No sabemos en qué medida será útil buscar la relación de las acciones enumeradas más arriba e incluirlas en el conjunto de realidades que actualmente producen el gran malestar sentido en las universidades brasileñas.

Lo cierto es que ese conjunto de hechos conduce, con más o menos fuerza, según los lugares, al debilitamiento del espíritu académico y eso acaba por contaminar la enseñanza, la investigación, las relaciones entre colegas y las relaciones de las facultades frente a la sociedad.

La fuerza auténtica de la Universidad procede del espíritu académico, compartido por profesores y alumnos y a cuya preservación sería de esperar, que las autoridades universitarias sean capaces de conducir. Esa fortaleza de institución académica garantiza la autonomía en la producción del saber, asegurada a través de la libertad de cátedra, y en la libertad académica efectiva, conferida a cada profesor a pesar de la vocación a veces autoritaria de los colegiados y de la práctica de falsificación de la democracia académica.

La fuerza exterior de la Universidad deriva de su fuerza interior y ésta es herida de muerte siempre que la idea y la práctica del espíritu académico sean abandonadas a favor de consideraciones pragmáticas.

En la gran crisis con que el país ahora se enfrenta, se torna evidente y clamorosa la ausencia de una discusión más intensa y más profunda, partiendo de la academia en sus diversas instancias y que, como en otras ocasiones en la vida de todos los pueblos, muestra el papel pionero de la Universidad en la construcción de los grandes debates nacionales.

La apatía también está presente en la mayor parte del cuerpo profesoral y estudiantil, lo cual es una señal nada alentadora del estado de salud cívica de esa camada social, cuya primera obligación es constituir como portavoz, la vanguardia de una actitud de inconformismo con los rumbos actuales de la vida política.